Relato de un parto, mi parto, mi primera vez

Hace 5 años yo no sabía del “parto respetado”, había visto cuanto programa había dando vueltas y leído cuanta cosa encontré. Pero vivo en una ciudad donde las opciones son las tradicionales, clínica privada con sus reglamentos, o el hospital con los suyos. Igual, yo tampoco estaba muy segura que quería parir en una pelopincho o de cuclillas o que se yo. Yo quería estar en un lugar tranquila, sin gritos, donde pudiera sentirme contenida. Es el momento de máxima vulnerabilidad de una mujer, pero tambien el de máximo poder. Es tan contradictorio como poderoso. 

Yo a mi ginecólogo lo había elegido de mucho más chica, ahí no tenes que cambiar, si tenes la suerte de que también es obstetra, seguís con él. Yo me sentí tan cuidada y contenida durante todo el embarazo que nunca dudé que durante el parto iba a ser diferente. 

Durante las clases de preparto (las hacías con las parteras que después iba a atenderte) había descubierto a 3 mujeres que te trasmitían una calma hermosa. Sentí que estaba en las mejores manos. Pero era pleno enero y yo sabia que me podía tocar cualquier otra por el temita de las vacaciones. 

Un lunes me despierto incómoda, no puedo decir que tenia dolor, porque no era, era incomodidad, sensación de estomago revuelto, rara.  Cuando voy al baño veo que tengo un poco de sangre, después iba a saber que era el famoso tapón mucoso. Y me preocupé. Pero nunca pensé que ya estaba en trabajo de parto. Y estaba en la semana 40. Me acosté y de a poco sentía contracciones, nada dolorosas, pero contracciones al fin. 

Empece a tomar el tiempo y lo anotaba en la parte de atrás de mi agenda. Eran regulares, pero a la hora paraban. Y así hasta la tarde. Tipo 8 le digo al futuro padre que no paraba de filmarme y relatar lo que yo hacía, vamos a la clínica que me pongan algo sino no voy a poder dormir. 

Ni el bolso llevamos, ni los papeles de internación, nada. 

Esperamos a la partera para que me revise y con tanta mala suerte que me toca una que había visto una sola vez y no me había gustado nada. Ahí la tenia enfrente mío dispuesta a revisarme. 

Termina y le dice a #Concu,” bueno anda al primer piso a hacer la internacion porque está con 4 cm así que vamos a ingresarla”. 

Así que él se fue de raje al departamento a buscar todos los papeles y los bolsos (por suerte vivíamos a 3 cuadras) mientras yo subía a la habitación. 

Entre en un estado de sopor, de no saber que pasaba a mi alrededor, de poca conciencia sobre lo que estaba por suceder. 

Me dejaron ahí, sola, sin saber que hacer. Lo único que estaba en un 100% segura era que quería transitar este camino sola con mi pareja. No avisamos a nadie, estacionamos el auto a una cuadra para despistar, cuando mi hermana me mando un mensaje para invitarnos a cenar le contesté que íbamos a comer afuera. Llamamos a mi suegra, era su cumpleaños, y no se nos escapó ni una nota diferente en la voz. Mientras tanto en la habitación no pasaba nada. Había pasado una hora, vuelve la partera, tacto, dolor, nada. 5 cm.  A seguir esperando. 

Las contracciones empezaron a ser más dolorosas y seguidas. Otra vez tacto, cada vez más dolor. 6 cm. Vamos bien, nos dijo, y se fue. 

Y las contracciones eran cada vez más dolorosas, más seguidas. Y yo, que tengo un umbral de dolor alto empece a rogar que me lo saquen que no podía más de dolor. Y me acordaba de las que había parido 6 veces y las odiaba, o de las mujeres de los programas que gritaban como locas descocidas y las odiaba porque ya me hubiera gustado a mi gritar así, pero me daba pudor Y la partera que me dice, “si no te relajás y respirás como aprendiste no vas a seguir dilatando”. Porque el tema es que en los 6 cm se freno todo. Contracciones horribles pero no dilataba. Yo la mire, y espero que mi mirada haya transmitido toda la furia interna porque me hubiera gustado acogotarla en ese mismo instante, total quien me iba a culpar de algo?. Con cada contracción me daban ganas de vomitar porque lo que el padre de la criatura me ponía una palangana roja que sacó del baño. Y como no podía sacar nada de adentro, literalmente, me abanicaba para que no sintiera tanto calor. 

Así que ahí estaba yo, siendo abanicada por una palangana, con una partera que me decía que me relajara y toda expuesta. Nunca tan expuesta. 

y pasó, no sé como pasó, pero me empecé a relajarme, a respirar hondo y a calmarme. Dolía horrores, sí, eso no había cambiado, pero algo se transformó dentro mío. Con cada contracción en lugar de retorcerme de dolor, respiraba. Cuando vuelve la partera le pido a #Concu que se paré atrás a ver si ve cuanto dedos marca la dilatación. Y me hace un gesto que no me voy a olvidar nunca. Pone la mano como puño y con la otra se agarra la muñeca. La partera sale afuera, escucho que habla por teléfono, entra y nos dice que nos bajan a la sala de partos porque ya estoy en 10. Que no haga fuerza así le doy tiempo al doctor a llegar, que dilate 4 cm en 10 minutos. Cuando el enfermero me baja por el ascensor yo le digo, espero que sepas sacar este chico de adentro porque si tengo que pujar yo pujo, aunque tenga que tenerlo acá adentro. Se ríe y me dice que sí. Igual nos sobró tiempo. 

La sala de partos estaba en penumbras, con solamente una luz iluminando el banquito del doctor. Y ahí estaba yo, en esa camilla casi sentada, con cero droga en mi sistema, sintiendo todo lo que se supone que tenía que sentir. Entra el doc con una sonrisa, me abraza y me dice, empezamos? Yo le digo “yo empecé hace rato”, pero ahí cambió la historia. No volví a tener contracciones, no tenía sensación de pujo. Pasaron 5 minutos y nada. Una contracción cada 5 minutos, me quería morir, no quería ir a cesárea y sabía de los riesgos que corre el bebé cuando ya pasa el canal de parto y queda encajado ahí. Yo me empece a poner nerviosa, me dolía horrores pero no pasaba nada. No quería cuchillo, no quería forceps, quería que saliera, pero ya. Yo veía que el doc estaba tranquilo, que no me preocupara, que había tiempo. En una contracción terrible empezó la sensación de pujo, yo pujaba con todo mi cuerpo, pero nada, no pasaba nada, y así varias veces. Nada. ponen el monitor fetal y se escuchan los latidos, tibios, lentos, aterradoramente lentos. El doctor se pone al lado mio y con mucha suavidad me dice, “escuchas? bueno, tiene que salir ahora, nosotros te vamos a ayudar pero tenes que hacer mucha fuerza”, lo pone al padre que no se como se la bancó sin soltarme de la mano, a que me  ayude a sentarme más, la partera de sentó atrás mio y me empezó a hacer presión con las manos sobre la panza. Sobrevino una nueva contracción y yo empuje con mi vida, con la fuerza de todos mis antepasados, de todas las madres del mundo. Y solamente cuando escuche al papá a los gritos, dale que ya esta saliendo fue cuando lo vi. Nunca lo sentí salir, no sentí cuando pasó la cabeza, solo vi cuando salían su piernitas. Estaba todo enredado en el cordón, y en una contracción se desacomodó y en lugar de bajar con la cabeza, bajó con el hombro. Me lo pusieron en mi pecho mientras lo limpiaban, y dejó de llorar, y me miraba, y yo lo miraba, y desapareció el mundo, porque ahí, en ese mismo instante, me dí cuenta, que el mundo era él. 

 

 

 

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13 pensamientos en “Relato de un parto, mi parto, mi primera vez

  1. es imposible no emocionarse. no revivir en cada historia el propio parto. que no me jodan, que parir es de lo más bestial y maravilloso de este mundo. y ellos llegan para transformarlo con la intensidad de un pujo.

    • Es increíble como en el mismo instante en que haces contacto con esa piel tan tuya desaparece el mundo a tu alrededor, no hay más dolor, no hay ruidos, nada. Solo esa respiración a la par de la tuya.

    • Yo tuve un embarazo insuperable, pero el parir te da vuelta todo de tal manera que tu vida antes de bb se borra. Y solamente cuenta a partir de ahora. Después todo se va reacomodando, pero el momento de parir es bisagra absoluta.

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