No es otra historia de misterio

Hace un tiempo una embarazada tenía antojo de “historias de misterio” y conté lo que pasaba en el consultorio donde trabajo.
El lugar es una casa antigua que fue casi toda reformada, la parte de adelante (donde funcionan unas oficinas de una mutual) fue hecha a nueva, la parte de atrás, a la que se accede por un largo pasillo es la original de la casa. Los consultorios fueron las habitaciones de los niños que allí habitaban. Es lo único que quedó en pie. Algunas se dividieron para hacer más lugar, pero la esencia es la misma.
Cuentan todas las que trabajaron en algún momento ahí que se escuchan cosas. Picaportes que suenan como si los abrieran, bisagras que crujen, pasos. Nunca se vio nada, solo ruidos. Una vez sintieron un perfume muy particular, diferente a todos. Se sentía en un solo lugar, si se movían el aroma desaparecía.
Pero siempre fue “dicen”, “cuentan”. Yo nunca lo había visto ni sentido. Hasta ese día.
Eran cerca de las 6 de la tarde, estaba sola esperando a un paciente. Siento pasos y puertas que se cierran. Me asomo al pasillo pensando que habían llegado más temprano. No había nadie, pensé que era alguna de las chicas de la mutual. Otra vez puertas que se cierran, yo aviso que estoy, que no cierren con llave. Silencio. Voy adelante y no había nadie. Estaban todas las puertas cerradas y no parecía que nadie hubiera andado por ahí. No pensé nada raro, ni mucho menos “extrasensorial”. Una cosa es que te cuenten que pasa algo pero vivirlo es diferente, yo siempre pensé que era un poco de sugestión y otro poco de ruidos propios de una casa vieja. Esa vez no le dí importancia.
Pero aquel otro día estaba terminando unas cosas, ya no tenía pacientes, era tarde pero todavía estaba la psicóloga en el consultorio de al lado por lo que seguí un poco más. Se escuchan pasos, puertas que se abren y cierran, y mi picaporte que se abre (solo el ruido, la puerta no se abrió). Salgo afuera, nadie. Silencio. Pasillo apenas iluminado. La puerta vaivén cerrada. Vuelvo adentro y antes de cerrar la puerta, las bisagras sin aceitar de la puerta vaivén que una vez más crujían. Miro, la puerta estaba igual que antes.
Me siento. No sigo trabajando. Empiezo a prestar más atención. Otra vez los pasos. Salgo rápido afuera y en ese momento sale la psicóloga. Pálida. Sus ojos grandes creo que no miran, pero el miedo está ahí. Nos miramos, no hablamos. Otra vez ruidos que venían de algún lugar que no podíamos precisar. En menos de dos minutos juntamos todas nuestras cosas y huimos de ahí.

Así se ve el pasillo actualmente

Así se ve el pasillo actualmente


Al otro día cuando comentamos con la secretaría nos mira y nos dice, “y sí, la vieja D. igual para mí es la niñera, no la vieja porque ella se mató en el campo, y acá, ahí mismo en ese pasillo mataron a la niñera de un escopetazo”.

Y entonces quise saber más. Quienes eran, que había pasado en esa casona reciclada, quien era la “vieja D.”
Con solamente el apellido empecé a buscar. Al poco tiempo me encontré sumergida dentro de una familia signada por las tragedias, rodeada de fotos en blanco y negro, de rostros que sonreían plenamente y de una mujer que no lo hacía, que sus ojos parecían brillar en sólo dos fotos, una con su glamoroso vestido de novia, y en otra con sus dos hijos mayores. Quedé prendida de esos ojos tristes, de esa mirada perdida. Tratando de imaginar una y mil veces que pudo pasar para que a los 32 años y con 3 hijos chiquitos, la menor apenas un bebé, decidiera poner fin a todo ahorcándose en el medio de un campo vacío. Porque la “vieja D.” tenía sólo 32 años.

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Vi más de 200 fotos de la familia, con relatos por el hijo mayor donde se vislumbra un dolor muy fuerte. Una búsqueda intensa de reafirmar su identidad y sus orígenes. Él fue quien mató a la “institutriz” de un escopetazo. Esa forma de llamarla consta en la única foto donde aparece ella con una dedicatoria muy sentida de su parte.

Pasaron 50 años de todo aquello, sin embargo la tragedia parece seguir sin dar tregua. Hace unos 6 años, la hija del hermano del medio, se suicida en la ruta estrellando su auto contra un colectivo, en una madrugada de invierno.

Nunca sabré quien no puede descansar y sigue yendo de habitación en habitación sin pausa durante medio siglo. O tal vez sí, porque volviendo a esa tarde cuando nos hizo sentir su presencia y mirando el almanaque, una fecha me llamó la atención. Fue el viernes antes del “Día de la madre”.

Pura sonrisa con sus niños mayores

Pura sonrisa con sus niños mayores

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6 pensamientos en “No es otra historia de misterio

  1. Hablé con gente que los conoció, el hijo no vive acá pero tuve acceso a fotos que subió hace un tiempo. Es tan triste leer las dedicatorias que va haciendo a cada foto. Imagínense que no me puedo presentar diciendo que el fantasma de la mamá está en la antigua casa.

  2. ufff que historia… me gustan los cuuentos asi, vivi algunos, algun dia contare… y sin embargo no creo en fantasmas… no tengo claro como exolicar estas cosas y por eso me resultan mas atrapantes aun.

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