Arrasada

Toda mi vida me caractericé por mi fortaleza. Desde chiquita que me levanto sola y sigo tirando para adelante. Tuve una vida de caerme mil veces, golpearme la cabeza millones, pero siempre me levanté, sacudí polvo, puse curita donde sangraba y seguí, siempre seguí.
Pero ahora soy mamá. Y me sé fuerte. Y a la vez nunca me sentí tan vulnerable. Porque dependen tanto de vos, y por un lado sos la mujer maravilla, pero por el otro te cuestionás si vas a poder con todo. Si vas a poder darles una niñez feliz, sana, completa.
Y cuando alguno de tus hijos les pasa algo, simple, común, un golpe, una raspadura, o que se cayeron de la bici o los retaron en el jardín, un beso sana todo. Los abrazás, los besas, les haces un “sana sana colita de rana” y listo. Ellos parten felices y “curados”. Y ahí sí, sos Wonder-Woman.
O cuando se enferman en serio. Cuando vuelan de fiebre y no sabés que más hacés para bajársela, o tienen mocos y le inventás todo un mundo de fantasías en el baño para que no se den cuenta que les estás haciendo vapor. Y se sienten mal, y te pides que le cantes y le cantás, y todo anda mejor.
Octavio a los 16 días de vida tuvo bronqueolitis. No dormía de noche mirandolo como luchaba por respirar y yo lloraba, cada dos horas lo tenía que nebulizar, aspirar, darle golpecitos en la espalda. Ir al hospital 2 veces por día para que le midan la oxigenación, le den oxígeno, lo aspiren, le hagan kinesia y lo vea un doctor para analizar si quedaba internado o podía seguir en casa. Todavía recuerdo como me temblaban las piernas cuando caminaba por el pasillo, mientras esperaba el numerito que daba ese aparato que le prendían del dedo. Tan minúsculo quedaba en la cama. Tan minúscula me sentía yo.
Fue ahí que me descubrí débil. Que lloraba sin poder hacer nada. Lo cuidé lo que pude, pero un “sana sana” no lo curaba.
Felipe no se enferma nunca, se agarró las pestes de su edad (paperas, varicela) pero las pasó sin dolores ni molestias. No estaba acostumbrada a deambular por guardias y doctores y hospitales.
Octavio tuvo todo, tiene casi 3 años y ya tiene más pinchazos en el brazo que yo. Y ahora hay que operarlo. A las adenoides y amigdalas aumentadas se suma que tiene los dos oídos llenos de agua y moco y por lo tanto poco escucha.
El miércoles lo llevé a que sea evaluado por especialistas en estimulacion temprana y lenguaje, y mientras él jugaba en una sala con las profesionales, me entrevistaba la pediatra del servicio. Y en un momento le digo, siento que tengo una espada clavada en el pecho que no me deja respirar, siento que perdí mucho tiempo bancando la doctora que lo atendia, que tendría que haberlo agarrado mucho tiempo antes y llevarlo al Garrahan un año antes, pero yo confié, no dudé, no pude reaccionar. Me sentí desvastada. Me miró, me sonrió y me dijo: nada de espadas, mujer, te ocupaste. No perdiste ningún tiempo. Estás acá. Hiciste todo lo que pudiste.
Y a veces eso es lo más difícil de entender, a veces hacer todo lo que se pueda tiene que ser suficiente.

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9 pensamientos en “Arrasada

  1. Ay! Carli, como te entiendo!! Ese miedo constante a estar haciendo lo correcto, a no perder tiempo, es indescriptible. Pero es verdad lo que te dijo esa médica, hacemos lo que podemos, toodoooo lo que podemos, ni más ni menos. Te abrazo!

    • Supongo que hacer todo lo que se puede hace que a la noche tengamos la conciencia tranquila. A veces es más dificil que otras, pero creo que el estar es lo más importante. Aunque sea para limpiar los mocos o poner una curita. Gracias!!

  2. Pingback: Patch Adams | Madre al borde de un ataque de nervios

  3. Car, una no es debil por llorar o por no saber que mas hacer. una es fuerte por acompaniar, por estar ahi, por buscar alternativas y no darde por vencida, una es fuerte por llorar, secarse las lagrimas y regalarle una sonrisa a nuestros hijos aunque por dentro tengamos el corason estrujado. sos una super mama! besotes

  4. Yo no soy fuerte, soy re blandita. Lloro por cualquier cosa, bueno, al menos eso creía, hasta que hace 10 años y un poco más me convertía en mamá. Ante la enfermedad de mis hijitas, lloro descosidamente, pero me ocupo, como vos te estás ocupando ahora de Octavio y te ocupaste desde que nació. Entiendo tu angustia, pero estás ahí para tu niño, y eso es más que suficiente. En septiembre del año pasado operaron a mi gordita de lo mismísimo que deben operar a tu niño. Hay un antes y un después para ella. Un par de meses después de la cirugía vino y me dijo: “Gracias mamá por operarme, ahora duermo toda la noche”. Fuerza y éxitos para la operación. Octavio tiene suerte, mucha suerte de tenerte como su mamá.

    • Yo se que va a mejorar. Verlo tan chiquito y tan indefenso. Que hay cosas que no mejoran dando un beso y que dejas de ser un super heroe para ser una mamá que no puede todo. Ya pasó por tantas cosas desde que nació que a veces se hace cuesta arriba. Vaciado por tus palabras.

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