Patch Adams

El año pasado escribí esto en otro blog que tenía. Viene a continuación de la entrada de ayer (Arrasada)

Por cuestiones de salud de mi hijo menor tuve que estar 3 días en el Hospital Garrahan. Horas de espera, de pasar de consultorio en consultorio, de la rampa amarilla a la naranja, de la naranja a la azul, otra vez a la amarilla, arriba, abajo.
Y ahí esta yo, con la angustia y las emociones en la piel y un nudo tan amarrado a mi garganta que aún hoy, después de un par de días, sigue ahí inmutable. No era grave, no era urgente, pero era mi hijo. Era el lugar donde tenía que estar y mis ojos que no podían dejar de sentir todo lo que veían.
Vieron madres que cantaban arroros con voces que nadie se atrevería a tildar de desafinadas, padres que hacían lo indecible para poder sacar una sonrisa a sus niños. Abuelas que esperaban, que iban y venían trayendo una galletita, una manta, un poco de consuelo a sus hijos en la espera. La eterna espera.
Vieron médicos que siempre tenían la sonrisa cálida y las palabras de aliento justo, personal de ordenanza que gentilmente pedían permiso para pasar el trapo, personal de seguridad que con dulzura y alegría despertaban a los papás que esperaban.
Vi sobre todo una calidad de personas que emocionaba, dentro de todo el dolor que atravesaba todas las miradas, había gente que contenía, sin saberlo, pero devolvían miradas humanas y eso ya es mucho.
Y entre todos vi a Patch Adams. Y no pude reír. Los “Payamédicos” arrancaban sonrisas y carcajadas a los chiquitos que los miraban con tanta vida en esos ojos, y yo no pude. Llevé a mi hijo para que los vea, para que se ría con ellos, para que la espera sea más corta. Pero yo no pude. No era una película, no eran actores, las cabecitas con pañuelos multicolores no escondían peladas falsas. Estaban ahí para ellos, pero también para mi hijo. También para mí, y la realidad se coló con una navaja tan afilada que me estremeció.
Solo me quedó acunarlo, cantarle un arroró en mis brazos y mirarlo a los ojos con todo el amor que queda grande en el cuerpo.
Foto-0056

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4 pensamientos en “Patch Adams

  1. Esa clase de médicos si que valen oro. Nunca pise el garrahan, pero si estuve en el Gutiérrez, en los consultorios no más y he visto a uno de esos Patch Adams anónimos, animando a los chicos que esperaban ser atendidos…

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