Vine hasta aquí.

Me mudé el 4 de marzo de 2010. Felipe tenía 1 mes. Trabajé sin parar hasta el mes de noviembre. Sin pedirme ni un sólo día en todo el embarazo. No lo hice por altruista o responsable. Lo hice porque amaba profundamente lo que hacía. Y sabía que se terminaba. Que la vida como la conocía hasta ese momento iba a cambiar total y absolutamente.
Hasta ese momento yo vivía sola, trabajaba todo el día. Los sábados llegaba mi novio (vivía a 160 km) y se quedaba hasta el lunes temprano que lo dejaba en la terminal y yo me iba a trabajar. Tenía una rutina que amaba.
Cuando quedé embarazada sabía que era la única manera para que finalmente me decidiera a mudarme.
No me costó dejar los afectos, siempre están y estarán, es un rato de viaje. Me costó mucho dejar mi ciudad (ni les cuento lo que me largué a llorar en el registro civil cuando hice el cambio de domicilio). Pero me costó horrores dejar el trabajo.
Trabajaba en un equipo, los viejos “gabinetes escolares” en escuelas muy marginadas. Con una población con tantas carencias como piojos en las cabezas. Con almas rotas, con futuros tan inciertos. Tengo guardados en mi corazón tantos recuerdos, palabras, caricias. Me llenaba tantísimo estar ahí. Pero trabajar dentro del sistema es tremendo. Desgastante. Muy demandante.
Y un día, cuando la panza ya no daba más, me fui.
Y ahora estoy acá. Acá es otra provincia, otro mundo. Y yo soy otra también. Habíamos hablado en la pareja de que yo iba a trabajar solamente en consultorio, lo que me permitía manejar mejor mis horarios y mis tiempos. Con un bebe y en un lugar sin conocer prácticamente a nadie creímos era lo deseable.
Me fui adaptando a la maternidad, a la convivencia, a la lejanía. Todavía no me sentía con ganas de empezar otra vez. Pero me llama una colega que iba a dejar el consultorio y me derivaba sus pacientes. Y así empecé. Y no paré más.
Cuando quedé embarazada del segundo, trabajé hasta una semana antes y volví al mes de tener. Entre paciente y paciente volaba a dar la teta. Un día que no tuve nadie que lo cuidara lo llevé conmigo y en una entrevista con una mamá lo tuve que amamantar en el medio.
Pasaron los años y empecé a desencantarme del trabajo. No sentía que allí hubiera grandes desafíos. Estaba estancada.
Después empezó todo el tema de Felipe. Y seguí en la vorágine como si fuera lo más normal del mundo.
Y ahora estoy parada frente una bifurcación del camino, el mismo lugar en el que cada año me paro. Siempre elegí el trabajo. El seguir a pesar de que cada vez me gustara menos hacerlo. A volver a intentarlo, y otra vez, y otra.
Y me encontré un día diciendo a padres palabras en las que ya no creo. O por lo menos no creo tan dogmáticamente como antes.
Y otro día en una reunión horrible en el jardín de mi hijo me di cuenta que no puedo estar “de los dos lados del mostrador”. Hoy no puedo. O soy madre, o soy profesional.
Y estoy mirando ese camino y ya elegí. Necesito tiempo para mí. Para reencontrarme, para poder mirarme al espejo y volver a sentirme viva.
Necesito dejar de sentarme en el piso para jugar con otros chicos, y estar en casa sentada con los míos jugando sin importarme nada.
Necesito volver a respirar sin que el pecho se me contraiga.
Y ahí está, la división del camino quedó atrás. Yo ya elegí. Y sigo caminando.

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13 pensamientos en “Vine hasta aquí.

  1. Que bueno Carla! no debe haber sido una decisión sencilla de tomar, pero seguro, estar con tus hijos es lo mejor, ojalá mi mamá hubiese hecho eso aunque sea un año… me hubiera encantado! Te mando un abrazo fuerte y te deseo lo mejor en esta etapa nueva que comienza!

  2. Toda una valiente. yo tome la misma decision hace unos meses y estoy encantada. tambien amo mi rofesion, pero amo mas aun a mi chiquillo :). animo y te deseo lo mejor para esta nueva etapa

  3. Ay cómo te entiendo… yo aún estoy en la división, con gusto me inclinaría a los nenes, pero la economía me tira para el otro lado…. una encrucijada fea fea. Felicitaciones que puediste elegir!!!

    • A mi también me tiraba la economía, la independencia económica, pero se estaba haciendo muy cuesta arriba y tuve que priorizar mi salud mental. No sé como haré el próximo año, pero veremos sobre la marcha. Por lo pronto estoy felíz y con el alma en paz

  4. Amé este post. Hoy me encuentro en la misma encrucijada, con mi segundo hijo de casi 7 meses y todavía de licencia, me tira mucho elegirlos a ellos, pero voy a tener que volver a trabajar por la economía. Disfrutá de haber podido elegir lo que realmente deseabas!!

    • Estar afuera también hace bien. El tema es disfrutar de lo que uno hace. Cuando se convierte en una mochila difícil de llevar hay que sentarse a replantearse las cosas. Todavía me queda terminar este año, pero cuento los días para que se acabe.

  5. Antes de ser mamá nadie te explica que vas a tener este duelo personal, que vas a cambiar y que no vas a ser la de antes porque ahora toca amamantar y cuidar de alguien que requiere tu ayuda más que nadie alrededor. Amo mi trabajo pero sé que no pasa nada por “aplazarlo”. El tiempo que dediquemos a nuestros hijos será la mejor inversión a futuro. Felicidades por tu post!!
    http://newlymami.wordpress.com

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