“La calesita”

Abril. 2013. Empezamos 14, 15. No dábamos de arrobarnos en twitter para hablar todas juntas así que nos juntamos en una comunidad virtual y calentita. Había madres de chicos grandes, de chicos chicos, de bebés recien nacidos, de panzas con porotitos. Fuimos creciendo a la par que crecían nuestros hijos, las panzas, las ansiedades, todo. Compartimos miedos, alegrías, enormes tristezas. Primeros pasos, primeras palabras. Primeras comidas. Compartimos noches de no poder dormir, tardes de lluvia, mates virtuales.
Seguimos creciendo y ya no éramos solamente mamás, había mujeres en la búsqueda, madres en espera. Lloramos juntas tantas veces. Horas de chats, de mensajes, de posts, de comentar todo.
Hubo momentos de zozobra y algunos conflictos. Hubo siempre mucha vida, mucha pasión. Tanto amor.
Y un día decidimos juntarnos cara a cara. Dejar la virtualidad y poder abrazarnos. Y despues de miles de vueltas (no es sencillo coincidir casi 35 mujeres!) finalmente pusimos fecha y lugar. “12 de octubre, en la calesita”.

Yo viajé 450 km. Un día le propuse a Felipe irnos solos a Buenos Aires a juntarnos con un montón de amigas. Y así fuimos. Con muchas ilusiones en una valija y una manito temblorosa entre miedo y ansiedad que me aferraba sin cesar.

Ese día amaneció horrible. Nublado, con amenaza constante de lluvia. Los mensajes volaban, iban y venían. Chequear a cada rato el tiempo. No iba a llover, todo seguía según lo planeado.

Nosotros fuimos caminando. De la mano. Con la mochila llena de cosas y cargada de ilusiones.

Y ahí estaban ya dos, con sus niños en los carros. Los mismos que vi crecer y vivir en una pantalla ahí estaban. Sonriendo a la vida. Sonriéndome.

Y empezaron a llegar tímidamente las demás, y al rato era todo un lío hermoso de gritos, niños que corrían, madres que perseguíamos. Mujeres que nos fundíamos en abrazos eternos. Tan necesarios.

Y estaban las panzonas. Las mismas que compartieron las dos rayitas del test. Los bebés que “ayudamos a nacer” contando contracciones, sufriendo a la par con el parto que no llegaba. Con las semanas eternas.

Y ahí estaba Feli charlando con muchas, jugando con Meli a correr palomas, o enojándose por un reto. Abrazando a Caro. Escapando del acoso de Toti.

Y ahí estaba yo.

Y la tarde se terminaba y me detuve mirar profundamente a una niñita con sus enormes ojos redondos que sonreía sin parar. Acaricie esa mejilla rosa y gorda y ya no puede ver con claridad. Porque ahí estaba ella, ahí estaban todas. Y ahí estaba yo. Porque siempre me costó horrores socializar, sin embargo en ese lugar, junto a la calesita, sentí el calor de una familia.

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6 pensamientos en ““La calesita”

  1. hay q hermoso carla!!!! me hiciste emocionar.. sos una madre maravillosa, feli es un nene precioso y en tu mirada y en la de el se ve sencillez, amor, una infancia vivida maravillosamente, una vida maravillosamente feliz. La forma amorosa con la que leias cuentos se me quedo grabado en la retina.., hermoso fue conocerte, ojala nos reencontremos prontito…un abrazo de oso!!

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